29 julio, 2020

VIVENCIAS CON LOS PREDIENTES DE “A ZARROTA”


VIVENCIAS CON LOS PREDIENTES DE “A ZARROTA”


PREAMBULO


A los 45 años retomé de nuevo la afición a los hongos, que me había proporcionado mi estancia en el aeródromo de Villafría (Burgos). Recuerdo una tarde después de cumplir mí horario de trabajo que paseando por la calle Uruguay de Vigo, avisté un cartel que la Agrupación micológica “A Zarrota” divulgaba las jornadas micológicas en el auditorio que tenía la Caja de Ahorros debajo del edificio del cine Fraga.

Dicho cartel me hizo rememorar la búsqueda de hongos por los campos de aeródromo Villafría (Burgos), donde hacía el servicio militar como especialista en Meteorología. Al día siguiente ni corto ni perezoso me fue a la conferencia que sobre hongos que conversaba un botánico-micólogo, llamado Magán. Los siguientes días, seguí yendo al auditorio escuchar a otros micólogos, hasta el final de las jornadas. La jornadas como todas precedente estaban organizadas por la Agrupación micológica “A Zarrota de Vigo”. En el auditorio entablé conversación de la agrupación con vicepresidente Antón Patiño Regueira, A los pocos día salí al campo con Antón, y desde entonces me entró el virus fúngico, más motivado y menos pernicioso que el “escarallavirus” a que estamos sometidos en 2020.



La Agrupación micológica ‘’A Zarrota’’ de Vigo tuvo hasta hoy 24 de julio de 2020, 4 presidentes y 2 presidentas. A ellos evoco estos recuerdos, excepto al primer presidente Cosme Galiana, que lo llegue a conocer siendo Antón Patiño de Presidente, pero no tuve la fortuna de salir con Galiana en ningún evento organizado por éste.

Durante 15 años, Antón y yo tuvimos una relación muy estrecha, y altamente beneficiosa en todas las ocasiones, tanto cuando salíamos con el equipo de la agrupación micológica “A Zarrota” a las diferentes zonas de Galicia, como cuando íbamos solos por nuestra cuenta. La relación duro 15 años. Antón era un personaje típico, con un criterio y una personalidad muy fuerte. Como quiera que yo también tenia  un carácter y una personalidad similar a la de Antón Patiño, por lo que en los últimos años de nuestra relación se fue deteriorando. Quince años más tarde, después de una correlación muy intensa, rompí las relaciones pero no la amistad, aunque está se fue enfriando paulatinamente, debido sobre todo a las diferencias filosóficas que ambos sustentábamos.

La primera vez que vi una Morchella en el campo, fue una salida que hicimos con Patiño en petit comité, en la zona del Barco de Valdeorras (Orense). Patiño había invitado a José Manuel Ruiz Fernández “El ruso” micólogo de Baracaldo, a dar una conferencia sobre hongos en el Barco de Valdeorras. Salimos de Vigo un sábado y pusimos rumbo al Barco de Valdeorras, y al llegar a la citada ciudad ya nos estaba esperando José Ruiz y Cristóbal Leivas. Una vez cruzando sendos saludos, el amigo Leivas conocedor del hábitat de las morillas nos llevó por el curso del río Sil, donde solía encontrar las famosas morillas Antes de comer fotografíe dos Morchella: conica v/ costata y conica v/ distans: 

          Morchella conica v/costata
             
                        
Morchella conica v/ distans



 Me emocioné mucho y me puse más contento que un cucú. Comimos y volvimos a ver si teníamos más suerte que por la mañana. Leivas previamente nos había advertido que gente de Ponferrada (León), venían todos los años a la mismas zonas donde 

las encontraba, y luego vendían a los restaurantes de Ponferrada. También nos advirtió que pocas colmenillas íbamos a encontrar, pues la indiscriminada forma  de recogerlas (entiéndase arrancándolas de cuajo), habían prácticamente desaparecido. Antes de que José Manuel Ruiz empezara su conferencia, optamos por dejar el equipaje en la habitación. Una vez finalizada la  amena e interesante conferencia dada por el profesor “ruso” sobre el género Boletus, nos dirigimos al comedor donde cenamos una opípara comida. Después de la cena e interesante charla de sobremesa, nos fuimos a descansar.

Al día siguiente nos fuimos hacia Quiroga (Lugo), y nos metimos en los bosques de encinas (Quercus humilis), que se hallan alrededor del poblado de la presa de Sequeiros. En dicho bosque y por detrás de una casa y lugar muy umbrío hallamos un precioso ascomiceto: Paxina acetabula. Más  tarde comimos en Quiroga y cada cual retornó a su ciudad.



Antón en cada salida que hacíamos en grupo, le encantaba hacer sus clásicas paellas en el campo. Paellas que de cada 10 que elaboraba, 2 le salían sabrosas, las restantes ni los galeotes las hubiesen  comido. De las muchas que hizo que por el olor que desprendía la paellera, intuíamos  que iba ser una paella de las buenas y sabrosas. Pues bien, cuando estaba finalizando la paella, una muchacha de Vigo que estaba veraneando en la aldea de Mercurín (Lugo), con tal mala suerte se arrimó a donde estaba haciendo la paella, y poniendo un pie cerca de la misma que estaba apoyada entre dos piedra y un leño que salía de la fogata, los piso y volcó la paellera y todo su contenido se fuera de la fogata. La expresión facial  de Patiño fue todo un poema, pero con inteligencia no le dijo nada a la chica. Afortunadamente como éramos 5 ó  6 personas y pese al descalabro de la paellera, no nos quedamos de comer. La chica del pie en la rama, fue a casa de los vecinos y nos trajo chorizos y jamón de cerdo criado a castañas, así como unas barras de pan exquisitas hechas en horno de leña y harina de trigo del país. La pena de este recuerdo fue que al no poder aprovechar absolutamente nada de la paella, nunca supimos si pudiera ser una de las mejores paellas, que de vez en cuando le salían a Patiño.

Otro recuerdo de las paellas de Patiño, fue la hizo en Sober (Lugo). Un sábado de mañana nos fuimos para Sober, pues yo tenía una conferencia que tenía quedar sobre micología, invitado por el ayuntamiento cuyo concejal de cultura era el amigo Guitían. Al medio día comimos en un restaurante del pueblo, y después de tomar el café y su correspondiente chupito, nos fuimos al monte a recoger hongos para exponerlos en la mesa del auditorio, Como la conferencia estaba prevista para las 8 de la noche, le dije a Patiño que empezará a condimentar la paella de turno. Ante mi asombro, quitó del coche varios sacos, dos de alas de pollo y dos de mejillones, entonces le dije, Patiño a donde vas con tantas alas y tantos mejillones. Me contestó que no me preocupara, pues íbamos a ser más de 100 comensales. Lo primero que hizo es vaciar las alas de pollo en una tinaja, alas que estaban llenas de cañotos y restos del plumón, que todavía mi asombro fue mayor. Empezamos a limpiar los cañotos de las alas, pero llegó un momento que le dije tenía que comenzar a dar la charla sobre el mundo fúngico en el auditorio, y que la limpieza de cañotos de las alas era interminable. El terminó en un santiamén, pues ni corto ni perezoso volcó todas las alas sin terminar de limpiar ni quitar los cañotos, en la paellera. Ya os podéis imaginar como acabó la cocinada de la paella, ¡paella que ni los galeotes la comían¡ Pues bien, nos fuimos al comedor Patiño, Dapena, Mary Luz y yo, y 130 comensales más que abarrotan el local, Patiño nos sirvió un plato de paella, que ni Dapena, su señora y yo disimuladamente metimos una prueba en la boca y el paladar lo rechazó, Sin embargo, Patiño y algunos comensales repitieron más de una vez, alabando la paellada. Como tanto la señora de Dapena como yo tuvimos que rechazar aquel engrudo de paella y ya estaba pensando que me iba a quedar sin cenar. Observé “que Mary Luz estaba hurgando con las manos el bolso que traía. Le dije, Mary Luz que “que faz” estoy cortando un chorizo. Pues que bien, dame un pedazo. Entonces saco un trozo de chorizo con los dedos ensangrentados, pues disimuladamente los estaba cortando con una navaja, sin ver dentro del bolso con objeto que los comensales que estaban más cerca, no se enteraran de lo que estaba haciendo. Gracias a los chorizos que tan precavidamente trajo Mary Luz, pudimos ella, Dapena y yo matar el gusanillo de no quedar sin cenar. 

Otro recuerdo que parece como si fuera ayer, fue la paellada que se hizo en Pintinidoira Becerreá (Lugo). Por aquel entonces era presidente del al agrupación micológica “A Zarrota”, y yo vocal de salidas. Habíamos organizado una salida de fin de semana a la zona de Becerreá (Lugo), concretamente a un lugar conocido por Pintinidoira. Escogimos dicho lugar por la recomendación de un biólogo que prestaba sus servicios en el Centro Forestal de Lourizán (Pontevedra). Le había informado a Antón que en aquel lugar existía un bosque de hayas, que la mayoría del grupo no conocíamos in situ. Pues sí, existía un bosque de hayas en un lugar de acceso dificultoso, y cuando llegamos al sitio, las haya más parecían cañas por lo delgadas y raquíticas que eran, como para volver de nuevo, cosa que nunca hicimos.

Al mediodía Patiño preparó la paellera calzada sobre unas piedras más o menos planas y empezó a condimentar la comida. Desde luego los efluvios que salían de la paellera eran muy gratos, pero nunca supimos si así resultaría, pues un compañero llamado Fernando, buena persona hasta que se amerdoló,  y siempre tenía una tragonería enorme, se le dio por avivar el fuego y ni corto ni perezoso, empezó a meter paja y hojarasca debajo de la paellera para que la cocción fuera lo más rápida posible. Pero como donde se estaba cocinando la paella, vino una racha de aire y el fuego vivo, se metió dentro de paella alabascando la comida. ¡Otra paella más para los galeotes¡

De las paellas que hizo el amigo Patiño, rememoro una de la más jocosa fue la que concibió en la casa de su suegro en Canabal (Lugo). Después de comer Patiño, empezó a preparar a media tarde una paella para la cena. Su grito de guerra al estar preparando la cena, era: ¡más agua…….más arroz…., más agua…, que vamos a ser muchos¡ Una vez preparada, no éramos tanto como predijo Antón, el grupo se componía de 8-10 personas nos dirigimos a la aldea de Sindrán, Monforte de Lemos (Lugo) donde ejercía como cura párroco el entrañable Leopoldo, en la iglesia de Sindrán. Adyacentemente tenia una casa desvencijada donde habitaba. .

Desde Sindrán el bueno de Leopoldo, nos trasladó a otra parroquia cercana a la suya, donde también ejercía como cura. Como era en el mes de noviembre el día en seguida se nos hizo de noche, y para pasar al lugar donde íbamos a cenar el grupo, tuvimos que atravesar de una habitación a otra, por encima de una viga al aire y una especie de cuadra debajo. El pasar fue toda una peripecia y fue un milagro de que nadie se cayera. Dentro del sitio donde comimos, nos sentamos como pudimos y la paella que todavía venia algo templada se repartió en los platos. El primero en empezar a comer fue Leopoldo, y exclamó ¡esto es una mierda, ni los galeotes lo comen¡ De ahí viene la frase ni los galeotes. El resto, menos Patiño comió paella, todos la dejamos. Aquello era infernal, sabía todo a arroz cocido con agua que a paella. Menos mal que el amigo Leopoldo, quitó un queso manchego de 4-5 kilos, del cual pudimos comer todos y terminar el refrigerio en paz y gracia de Dios.  Como quiera que estuviéramos en una iglesia abandonada, el dicho vino como anillo al dedo.

Con Patiño como presidente de la agrupación “A Zarrota” se hicieron muy buenas salidas con la agrupación, tanto de una o dos jornadas. La primera vez que pise la sierra do Courel, fue en una salida de 2 días que hicimos con Patiño, Fernando e hijo, Carmen Krukemberg, una amiga suya, Falina y su marido y Petronio. Este fue un sobrenombre bautizado por Antón Patiño, debido creo yo, porque sus conversaciones giraban siempre  en torno a la cultura de Roma.

La salida la realizamos un sábado, desde Vigo a Quiroga y de allí por el Alto do Boi, hasta Parada do Courel (Lugo). Llegamos al anochecer y pernoctamos en la aldea de Parada. Antes de escoger las habitaciones para dormir, Patiño que ya tenía apalabrada  una casa de campo para pasar la noche, en la casa concertada cenamos las viandas que cada uno llevaba para comer. Por cierto, los anfitriones nos dieron a probar un resto de cocido de cerdo alimentado a castañas que les había sobrado del mediodía y con patas cocidas desvaporizadas por una ventana al frío, nos supo todo deliciosamente. Como éramos varias personas, todas no pudimos dormir en casa donde cenamos, pero los de la propia casa lograron encontrar habitaciones por la aldea, para poder dormir el resto de los compañeros.

Al día siguiente, no más romper el alba, después de desayunar en la casa en que cenamos, el grupo salió disparado hacía los bosques de castaños en la búsqueda de hongos que, por cierto, prácticamente apenas encontramos. Como a falta de pan, las tortas son buenas, logramos hallar fresas silvestres y orégano. Como era a finales del mes de octubre, con un frío intensísimo, pero seco, el orégano apenas tenia hojas. Antón para pasar el tiempo nos recomendó que cogiésemos  fresas y mucho orégano, pues resultaba una planta muy agradecida. Debido al frío y al avanzado mes de otoño, la planta del orégano poseía más cañotos duros que hojas. Petronio que se hizo con un par de manojos, todo eran cañotos, le dijo a Patiño ¿qué fago  con isto? Patiño escudriñando el semblante de Petronio, creo que pensó, este es tonto, o se lo hace, rápidamente le dijo ¡con iso Petronio torceos ben e os metes no cu….¡ Asunto solucionado¡

El entusiasmo y la garra que Patiño que le echaba para hacer las paellas, eran inconmensurables, pero pocas veces le salían Las paellas como dios manda, creo que debido a las “caldeiradas” que hacía, pues siempre decía vale más que sobre que falte.  ¡Claro que la mayoría de las veces sobraba¡

La más sonada paella del compañero Patiño, fue la hizo en monte Aloia, Tui (Pontevedra). Para ello contaba con Ángeles y unos cuantos compañeros para poder preparar una paellada para 600 comensales. Yo, por supuesto no participé de ayudante, Le dije que lo que quería hacer era una monomanía paellera.  Me contestó que no sólo a iba hacer, sino que cobraría 15 pesetas por ración servida. Pues bien el esfuerzo principal fue hecho por Ángeles, que desde la hora desde el mediodía hasta las 6 de la tarde, lograron hacer 6 paellas de 100 raciones. Las paellas, según más tarde me notificó Ángeles, se hicieron,  pero solo se cobraron las primeras 20 ó 30 raciones. Después creo que fue ¡pague el que quiera y pueda¡ A la paella fue invitado Lois Dapena y señora, de Monforte de Lemos y visto el panorama en el monte Aloia, me dijo que el no esperaba por la ración de paella, intuyendo por experiencia propia,  que iba a salir como el rosario de la Aurora. Poco después Lois, la señora y yo, nos fuimos a Monçao (Portugal) a comer un riquísimo bacalao, acompañado de vino Mateus Rosé

Sin embargo, a fuerza de ser sincero y justo, tengo que decir que Patiño fue una persona, que con su carácter, personalidad y constancia, con sus virtudes y defectos, supo llevar hacía  adelante durante muchos años la Agrupación micológica “A Zarrota”. Con su entusiasmo y constante empuje y motivación,  fue el precursor de la micología popular en Galicia,  fundando a lo largo y ancho de la geografía galaica, un sinnúmero de agrupaciones micológicas. La mayoría de las cuales han desaparecido.

Antes de pasar a recapitular los recuerdos del presidente da la agrupación micológica “A Zarrota”, y cerrar los acontecimientos del presidente saliente Antón, recordar una anécdota muy jocosa. En una de las varias salidas hechas a la zona de Monforte Lemos, con la agrupación de Vigo,  recalamos en la casa-iglesia de Sindrán (Lugo), donde ejercía como cura el polifacético Leopoldo, personaje muy peculiar y formación humanística fuera de serie. En dicha casa, un día que el bueno de Leopoldo estaba ausente, Patiño iba a freír unas patatas y chorizos en una sartén. Para tal menester, se hizo con una que estaba encima de la cocina de hierro. Patiño observó el utensilio estaba con dos dedos de mugre, y le dijo a mi mujer Rosa: Agardame un pano para limpar a tixola. Entonces Rosa le entrego un trapo, y observándolo Antón le dijo: ¡déixao…..déixeo, xa non o preciso! Os podéis imaginar como podía estar aquel trapo, púes con muchísimo más mugre que la sartén, incluso estaba lleno de partículas areniscas de fregar los cacharros con material arcilloso.

Al principio de mis salidas al monte recuerdo con toda viveza, la que hice solo en el mes de mayo a San Vicente do Mar (Pontevedra). Al llegar al pueblo aparque el coche fuera del arcén de la carretera, y acto seguido eche mano del cesto, navaja y bastón y me introduje en el monte. Monte jalonado de numerosísimos pinares (Pinus pinaster) por todos los sitios. Al ir cominando por el monte, mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo. El suelo estaba practicamente cubierto de cosas amarillas, como si de margaritas se trataran. No, no eran margaritas amarillas, se trataban de miles de incipientes brotes de Cantharellus cibarius. Era tanta la cantidad de hongos que si no tenias la precaución de evitarlos, los pisaban facilmente.  En ese momento de lo que estaba contemplando, me vino a la memoria una conferencia en el auditorio de la Caja de Ahorros de Vigo, que el monitor afirmó que en primavera no se daban los hongos, que la estación de los hongos era el otoño. Craso error. Cuando llegué al siguiente día se lo  comuniqué a Patiño, que por la manera de fruncir el ceño, parecía que no daba mucho crédito a lo que le estaba explicando. Pues bien,  al siguiente sábado reunimos al grupo micológico y nos desplazamos a San Vicente  do Mar a recoger los hongos que tapizaba el suelo del monte. Todos los componentes que íban el grupo quedaron asombrados, incluído Antón Patiño. Asombrados o no, todos llenaron los cestos y algunos recurrieron   a las bolsas de plástico, pues los cestos los llenaron a topo.

De las muchas salidas hecha a la sierra do Courel, recuerdo una hecha en  primavera, con mucha nostalgia. Isabel, Patiño y yo, salimos de madrugada de Vigo, rumbo a Seoane por Quiroga (Lugo). Como era muy temprano e íbamos sin desayunar, optamos por parar en La Cañiza donde pedimos sendos bocadillos de jamón y café con leche para cada uno. Desde allí pusimos rumbo a Seoane (Lugo). Una vez en Seoane, nos dirigimos hasta la aldea de Campelo y orillando el coche al lado de abrevadero de ganado, cominando por un sendero bastante llano, pero algo sinuoso y con pequeños altibajos, excepto los últimos cuatrocientos metros que son bastantes empinados, llegamos hasta as Fontes do Cervo, donde curiosamente entre la pared rocosa de montaña, salen dos manantiales de agua, casi juntos. Un manantial brota agua ferruginosa y  en el otro agua caliza. Para preparar un pícni, escogimos una piedra de pizarra plana, poniéndola encima de una pequeña fogata protegida, nos pusimos a asar chorizos y tocino veteado, que previamente habíamos comprado en Seoane. Por cierto el tocino estaba salado a rabiar. Después del exquisito preparado, retornamos por mismo camino hacia Campelo, donde teníamos el coche aparcado. Al llegar a Seoane, como lo que habíamos comido y la caminata dada nos abrió el apetito, en un restaurante de la aldea, hicimos una merienda cena, a base de un exquisito potaje que tenían en la cocina. Desde de Seoane do Courel, por o Alto do Boi, pusimos rumbo a nuestros lares.

Después de Patiño fue nombrado presidente de la agrupación micológica A Zarrota”, Jorge Santero de Membiela, cargo que ejerció durante 7 años. El primer año de su cargo fue un año sabático para mí. Al segundo año de ser presidente Jorge, me incorporé a la agrupación y le expliqué porque estuve un año ausente. Le expuse que fue debido a las actitudes y aptitudes manipuladoras de Patiño, que venía observado durante los últimos años de Antón como presidente. Ante el temor que Jorge se dejará manipular por Antón, fue el motivo principal de estar fuera de la agrupación durante un año. Sin embargo, mis temores de que Jorge se dejara manipular, quedaron en saco roto. Jorge con su fuerte personalidad, criterio y dotes de organización y mando, no se dejó arrastrar por los comentarios que hacia Patiño. En una ocasión le endosó, tú Antón me recomendaste para hacerme cargo de presidencia de la agrupación y, la misma la manejó, bajo mi punto de vista, por saber, querer y poder.

Con Jorge, el mejor presidente a mi juicio, que tuvo la Agrupación micológica “A ZarrotA”, empecé un nuevo ciclo dentro de la agrupación. En una Asamblea ordinaria fui nombrado vocal de salidas y más tarde vocal de investigación. Ambas funciones, sobre todo la de vocal de salidas fue una experiencia motivadora, con sus pros y contras de algunos socios de la agrupación. La verdad que fueron las motivaciones más de pros que de contras. Dentro del ciclo de 7 años que tuve con Jorge, trataré de rememorar los hechos de mayor interés.

Cómo mi aficioné al estudio de los hongos superiores y porqué. Me apasioné al estudio de los hongos, rememorando los hechos acaecidos cuando hice el servicio militar en el aeródromo de Villafría en Burgos. El porque ya en otro párrafo lo comente, y fue motivado por las discordancias que tuve en su momento con la empresa.

Retomando el seguimiento con la agrupación micológica, comenzó un segundo ciclo de mi pasión por el mundo fúngico. Tanto fue así, que creía que me iba comer del mundo de los hongos, y fue todo lo contrario, los hongos me comieron a mí.

Este segundo ciclo, lo tomé con un entusiasmo y una motivación que sirvió para profundizar en el mundo fúngico. La agrupación en el mes de enero-febrero-marzo, hacíamos asambleas anuales para dar cuenta a los socios, tanto contables como de gestión. En ellas, se solían renovar algunos vocales, y yo seguí siendo vocal de salidas.

Pues bien, lo tomé con tanto entusiasmo de gestión, responsabilidad y utilidad hacia lo colectivo, que empezamos a programar salidas micológicas. Hacíamos 3 salidas en primavera de un día, y otras tres de fines de semana a diversos sitios; cada cual más interesante, por su masa arbórea y la cantidad de setas que se encontraban, que nos servían de estudio y determinación, dentro de lo que sabíamos, sobre sus géneros y especies de los hongos hallados. Después de retomar la función de nuevo en la agrupación, como vocal de salidas, organicé la primera salida de 1 día a la Curota, monte cercano por encina de Santa Eugenia de Ribeira (A Coruña). Después de comer en el monte los bocatas que cada uno llevaba, salimos a hacia la zona de Esteiro (A Coruña) a la búsqueda de hongos sin suerte alguna. De Esteiro, nos dirigimos para Vigo, parando  antes en el Pueblo de Briones, ya cerca de Santiago de Compostela. En el restaurante que estaba al borde de la carretera, pedimos churrasco para cenar. Mientras preparaban el churrasco, Tomé socio de la “A Zarrota”, preparó Lactarius deliciosus encontrados en el monte de la Curota, que resultaron válgase la redundancia: deliciosos.

 
 Grupo de la Curota



Una de las primeras salidas siendo presidente Jorge, fue la que hizo al robledal de Zobra, cerca de Vilatuxe 1 (Pontevedra). Ese robledal al principio, lo había tomado por su extensión como una Fraga se tratara, pero era un robledal de montaña  muy tupido que difícilmente se podía andar por él. La salida fue de ir y volver en el día a finales de la estación primaveral. Pese que éramos un estimado número de socios, no tuvimos suerte de encontrar lo que pretendíamos topar. Visto el poco éxito nos fuimos a comer los bocatas cerca del pueblo de Zobra. Desde dicho lugar, el grupo setero partimos para Vigo.

1 Vilatuxe estaba en la ruta del camino de arrieros que iban a Santiago desde O Ribeiro, por lo que su economía se basaba en los mercados, las posadas y la fabricación de quesos y mantequillas.

Las salidas de un solo día la solíamos hacer a la zona del Incio, donde encontrábamos Boletus de diversa especies, Cantharellus cibarius y de fríes, Ramarias de diferentes especies, y un sinnúmero de otros de géneros y especies de hongos. En estas excursiones, cada uno lleva su comida y bebida, y sobre el mediodía comíamos en donde podíamos, compartiendo e impartiendo las viandas entre todos. Lo más grato de estas salidas era que al anochecer, algunas veces nos acercábamos a casa Pepe, cerca de Escairon (Lugo), asador restaurante a medio camino entre  Monforte de Lemos y Chantada (Lugo). La primera vez que fuimos éramos 18 compañeros. Todos comimos lo mismo: empanada, truchas y pajaritos (Codornices), que más parecían por lo grande, a perdices y de postre un “pijama” La empanada de carne exquisita por su excelente sabor; las truchas y los pajaritos venían rociados con una salsa al ajillo y perejil que le daba un toque insuperable. En cuanto al postre, se trababa de un plato con piña, melocotón, helado, nata y barquillos de hojaldre, postre muy digestivo. Por supuesto,  todo eso “rociado” con el excelente vino mencia.

Las innumerables salidas que hicimos pernoctando un día, fueron, la mayoría,  a Saa do Incio (Lugo), La Curota, Santa Eugenia de Ribeira (A Coruña), Esteiro (A Coruña), Fraga de Vilatuxe (Lugo), Fraga de Catasós, Lalín (Pontevedra, Monterroso (Lugo), Antas de Hulla, Freituxe, Herrería do Incio. Cuando íbamos a Freituxe y Saa do Incio  casi siempre íbamos a cenar a cenar los pajaritos, en Casa Pepe en Escairon (Lugo). 

En cuanto a las salidas de dos días, yo como vocal y responsable de la buena gestión que redundara en el grupo de socios, tanto en lo económico, como en lo práctico. Para lograr esto, una semana antes me marchaba solo al lugar donde íbamos a cenar y pernoctar, y en cada lugar elegido hacia las gestiones para dormir y cenar con el mejor precio posible, que casi siempre era módico. La primera salida de dos días, la hicimos a la sierra  do Courel (Lugo). Para tal menester al llegar a Quiroga (Lugo), entroncamos con la carretera que va a Seoane (Lugo) por o alto do Boi, para hacer cuartel general en la aldea de Seoane, Recuerdo que antes de cenar nos pusimos a determinar sobre una mesa los hongos recogidos por los bosque. La cena fue a base de grelos, patatas, chorizo y lacón, otros supongo que habría pedido otro tipo de cena. Antes de llegar Seoane, el equipo formado por 18 socios comimos en el campo las viandas que cada uno llevaba para su subsistencia. Al día siguiente, bastante temprano desayunamos en La Fontiña, restaurante en que habíamos cenado pusimos rumbo a los bosques de castaños, sin haber encontrado seta alguna. Al atardecer nos fuimos rumbo a casa, pero antes paramos en casa Pepe en Escairon (Lugo), y como casi siempre a base de: empanada de carne, truchas, pajaritos (codornices), y de postre llamado pijama, regado con buen vino mencia de la ribera sacra.

Grupo en Moreda (Courel).





Recuerdo la segunda saluda que también hicimos a la sierra do Courel por Puebla de Broullón (Lugo). Al mediodía comimos de bocatas, que cada un llevaba al lado de un río,  en un marco idílicamente incomparable. Al anochecer llegamos a Seoana y metimos nuestros enseres en cada habitación, que previamente se habían reservado.  Terminando de acondicionar los bártulos optamos por bajar al comedor de la pensión A  Fontiña y al poco rato empezamos a cenar. Esta se compuso a base  de corzo que previamente había encargado el día anterior desde Vigo. Una vez cenado y con su corresponde charla se sobremesa, cada uno se retiró a las habitaciones de los distintas pensiones de Seoane, pues el grupo se componía de 20-22 personas

Al siguiente día almorzamos muy temprano y nos fuimos a los bosques de castaños, situados en las aldeas de Moreda y Parada do Courel a la búsqueda de hongos. El recorrido entre los castaños fue sano y saludable, pero infructuosamente en cuanto a la recogida de hongos. A la vuelta regresamos por la Herrería de Incio desde Seoane. El recorrido fue horroroso, pues al poco de recorrerlo, nos encontramos con un trozo de calzada en obras que estaban acondicionando. El trozo era puro barro y mal compactado, y como quiera que había llovido bastante la estrada de montaña estaba peligrosamente resbaladiza y los coches derrapaban de continúo. Entre la Herrería do Incio y  Cruz  do Incio nos tuvimos que detener a la orilla de la carretera, pues el coche de Fernando Fernández “El Gran Capitán” olía a gasolina. Desde el lugar de detención de los coches, por teléfono móvil pedimos un coche grúa que lo trasladó a un taller de Monforte de Lemos. 


Fraga de Rugueir en la sierra do Courel (Lugo


Mientras esperábamos la llegada del coche grúa, Gloria, Isabel y José Luís “el Rizos”, se le ocurrió la idea asar castañas que cual había recogido por Moreda y Parada. Como quiera que ya fuera de noche y no se viera para recoger leña, arrancaron una pequeña cancela de un cobertizo que había en la orilla de la carretera. Acto seguido le prendieron  fuego y se pusieron a asar las dichosas castañas. La repuesta de los tres artistas fue: lo hemos hecho para entretenernos y calentarnos. A la hora y algo llegó el coche grúa que lo llevó a un taller de Monforte. El mecánico inspeccionó la avería y dijo que era un arreglo momentáneo, sin mayor importancia. La avería fue debida que el manguito de gasolina tenía un poro y por allí perdía gasolina. Encintó el manguito, y poco después pusimos rumbo a Casa Pepe y encargando la cena, hicimos una exquisita cena y mejor sobremesa.

Otra grata salida fue la que hizo el grupo a la Zona de Montalegre-Vilar de Perdizes (Portugal). En esta aldea me pidieron si podía dar una pequeña charla de setas. La charla o conferencia si aquello que expuse sobre la pared, se podía usar ese epíteto. La di en base de proyectar las diapositiva que en su día le había regalado a Duarte, presidente de Aventura de Saúde de Braga (Portugal), imágenes diapositivadas que solo la podía descifrar yo, por lo pésima que eran.

Otra de las salidas que se hizo con el grupo micológico, fue a la zona de La Gudiña, Viana do Bolo, Montalegre y Vilar de Perdizes (Portugal). Salimos de Vigo muy temprano y al llegar a La Gudiña, empezamos a recorrer los bosques de pinos, situados cerca del pueblo del mismo pueblo. Comimos en aquel lugar donde había un merendero cubierto con mesas y bancos de madera. Una vez terminados de comer, salimos rumbo a Viana do Bolo, lugar  jalonado por numerosos bosques que en aquella zona hay de castaños. Empezamos a la búsqueda de hongos, con poca fortuna. Al atardecer cada cual dejo el equipaje en las pensiones y nos fuimos al restaurante a cenar.

En restaurante antes de cenar, las compañeras prepararon un revuelto de setas que habíamos encontrado entre los pinares de La Gudiña.  Al poco rato empezamos a trincar un sabroso cocido, que previamente había encargado desde Vigo. Después de la excelente cena, acompañado por buen vino y mejor sobremesa, cada cual nos fuimos a dormir a nuestras respectivas habitaciones. Al día siguiente muy temprano, después de desayunar nos fuimos para Montalegre (Portugal) y nos metimos un bosque de Pinus sylvestris. Recuerdo que llovía a todo meter y que cogimos una mojadura de órdago a la grande, mereció la pena porque llenamos los cestos de Cantharellus tubaeformis y Tricholona portentosum.                                                                                                                             

De todo el grupo, solo nos quedamos siete compañeros y el resto se marcharon para Vigo. Mojados como pitos, pero calientes de espíritu. Salimos rumbo a Vilar de Perdizes (Portugal) a cenar. Para ello, nos dirigimos al restaurante O´Paço y no más asomar las narices por la puerta del comedor, observé para la mesa donde estaban cenando los dueños y unos amigos suyos, y la vista se dirigió hacía unas fuentes llenas de cocido. El cocido tenía un aspecto imponente, pues la carne de cerdo sonrosada y los variados chorizos, las patatas y la verdura incitaban al grupo optamos por pedir cocido, el cocido montañés que tan rico resultó al comerlo, todo regado por ocho botellas de Mateus Rosé, bien frías. Antes del cocido, Ángeles y José Luís “El rizos”, con permiso de la dueña del local, prepararon una exquisito revuelto de setas, a base Cantharellus tubaeformis y Tricholona portentosum. En la sobremesa, El rizos me pregunto: Alfonso, a ti no te sabe a vainilla el Cantharellus tubaeformis, le conteste: a mi no, el hongo a que te refieres posee un olor ligeramente afrutado, y sabor nulo. Al siguiente año, Ángeles me confesó que haciéndose el revuelto, el “Rizos” metió la mano en una caja de cartón en la creencia de que se trataba pimienta, y resultó que lo que tenía dentro la caja, era vainilla. Cosas de la euforia y el alcohol.

Otra salida memorable, fue la que se hizo de nuevo a la sierra do Courel. La salida del grupo fue de dos días. El primer día comimos de bocatas, y de noche cenamos y dormimos en Seoane (Lugo). Al siguiente día temprano, salimos para la aldea de Romeor  1 (Lugo) y desde allí, el grupo se dirigió a un hermoso monte de Pinus sylvestris, accediendo al mismo por diversos lugares. Después de recorrer parte de aquella imponente plantación de coníferas, los compañeros empezaron a bajar a pueblo. Casi todos traían alguna que otra seta, pero el más afortunado fue el presiente que en un cesto venía con 12 ejemplares de Boletus foscuruber, excelente comestible de hongo de carne blanca. En el mismo sitio, volvimos a comer de bocatas y cogimos la ruta por La Seara, Quiroga, Orense y Vigo. Antes nos paramos en Mesón Pepe de Escairon a cenar.

1 El pueblo de Romeor, ubicado  a diez kilómetros de Semana, en un lugar de incalculable belleza ecológica, por presentar algunas construcciones de esquinas redondeadas,  de O Cebrerio.

Antes de dar por finalizado los servicios prestados como vocal de salidas, siendo presidente Jorge, quiero resaltar una salida, que en petit comité, hicimos a la sierra de los Ancares. El grupo éramos Jorge, Manolo, Jaime y yo. 2 La salida fue de un día en la estación primaveral. Salimos muy temprano desde Vigo hacia Becerreá, y por Navia de Suarna (Lugo), nos presentamos pronto en Campo da Braña. Cercano a Campo da Braña, dejamos el coche y nos encaminamos a pie hacía la imponente fraga de Cabana Bella. Comimos en un cobertizo de pastores, y después de comer empezamos a subir una impresionante cuesta, que nos costó dios y ayuda llegar al coche. Antes de llegar nuestros lares, en un restaurante de Chantada (Lugo) cenamos una opípara cena.

2 La sierra de los Ancares es una sierra situada   en el extremo noroeste de la provincia de León y en la parte oriental de la provincia de Lugo. Es un espacio natural protegido y en 2006 fue declarada Reserva de la Biosfera, por laUnesco.


Por la sierra de los Ancares, camino de cabana Vella
de derecha a izquierda: Jorge, Jaime, Manolo y Alfonso.


Siera de los Ancares
De pie de derecha a izquierda: Alfonso, Jorgr, Jaime; 
agachado Manolo
                                                             



Una salida  muy grata, fue la que realizamos a zona de San Andrés de Teixido 1,   “O que non vai morto, vai vivir”. De Vigo salimos rumbo a Cedeira. Primero salió un grupo y poco después el resto de los compañeros, este último recaló en Fene para contactar con Mocho Pato, socio de la agrupación micológica “Viriato”, para vernos al día siguiente en San Andrés de Teixido. Una vez puestos de acuerdo con Patot, pusimos rumbo a Cedeira, donde pernoctamos y cenamos. Al siguiente día muy temprano, después de desayunar, nos reunimos con Moncho Pato y Carmen cerca de San Andrés de Teixido. Acto seguido nos guió a la sierra da Cepelada 2, donde penetramos en extenso bosque de pinos, casi todo de Pinus pinaster y alguna pequeñas áreas de Pinus radiata. Todo el grupo llenó los cestos de Lactarius quieticolor, que los paisanos vendían en cajas de fruta, como Lactarios deliciosus. Al acabar de peinar algo del pinar, el grupo se fue a comer a un delicioso parque forestal, compartiendo e impartiendo entre todas las viandas y buen vino que cada uno llevaba. Al terminar la copiosa comida, fuimos a visitar el pueblo de San Andrés de Teixido y tomar uso cafés y correspondiente chupito. Cumplida la jornada en la zona a rumbo a Vigo, pues teníamos 220 kilómetros de carretera.

1 San Andrés de Texido es una aldea de la parroquia de Régoa, en el este del municipio de Cedeira, en la sierra da  Capelada, cerca de los acantilados sobre el mar. En este lugar se encuentra el santuario del mismo nombre, famoso lugar de peregrinación.

2 La Capelada es una sierra en el norte de la provincia de A Coruña, que pertenece a los ayuntamientos de Cedeira, Cariño  y Ortigueira. Allí se encuentra unos de los acantilados más altos d Europa, junto a los de cabo Enninberg, Croaghaum, Preikestolen y Cabo Girâo.

Otro día nos fuimos con el grupo micológico la Ruta da Fraga de San Juan de río 1. La salida fue en primavera de un solo día y salimos de Vigo bastante temprano. El grupo se componía de 18 socios y simpatizantes de la “A Zarrota” y salimos rumbo a San Juan de Río (Orense). Bajando del alto de Cerdeira hacia Puebla de Trives, un kilómetro, más o menos, nos encontramos con un área llena de miliarios romanos. Pues bien, en ese lugar entroncamos con la  carretera que va a Sanjuán del Río. Aproximadamente a 2 kilómetros existe una pequeña aldea, que saliendo de la carretera general y torciendo a la derecha por una camino vecinal, nos conducirá a la Ruta da Fraga. Dejamos los coches en la aldea y el grupo en su totalidad, se metió en la monumental Fraga toda ella jalonada por castaños centenario y robles en cantidad. Mucho castaño y robles, y pobre de hongos. Se ve que en ese momento todavía no había eclosionado, Excepto alguna que otra Ramaria formosa, todavía muy pequeña.

Dentro del bosque le dije a Jorge: observa a ese elemento, trae consigo un cubo nuevo basura de plástico para meter las setas, se debe de creer que lo va a llenar hasta el borde. De hongos ni tan siquiera se estreno “el almacén”, pero como al poco rato se puso a llover, le sirvió para cubrirse la cabeza. Al no tener éxito alguno en el bosque, nos marchamos a visitar un a área de naturaza que había por aquel entorno. La anécdota del día, aparte del recipiente de plástico estuvo en la hora de la comida. Una vez visto el aula, nos dirigimos a un restaurante del pueblo de Sanjuán del Río, a comer. Ya en comedor, la mayoría de los compañeros ante mi asombro, quitaron de sendas empanadas: de carne, chipirones, xoubas, chocos y zamburiñas. Yo por no ser menos, aporté mi empanada de bacalao con pasas. Al atardecer pusimos rumbo a Vigo.

1 dicen de ella que es una de las  más interesantes rutas a nivel paisajista de Galicia, puede ser, pero lo que es cierto es que, si os gustan los bosques de castaños, el otoño o el frío de invierno, ésta es vuestra ruta, pues aquí se reúnen todos los ingredientes  para hacer de ella un paisaje perfecto como de cuento de hadas.

Otra salida interesante  fue la que se organizó un fin de semana a la zona de Puebla de Trives. Como siempre el grupo salió de Vigo, rumbo a Puebla de Trives, donde pernoctamos para dormir y cenar. Por el camino paramos aquí y acullá en bosques de castaños, robles y coníferas, con objeto de encontrar setas. Más tarde a llegar al pueblo metimos los bártulos en las habitaciones, bajamos y nos pusimos a cenar un pantagruélico cocido gallego, encargado previamente por Ton, hermano de Jorge. Al siguiente día, después de desayunar, se hicieron 4 grupos con la gente del pueblo, y nos repartimos por las zonas de Trives. El grumo que me tocó a mí, nos fuimos por los bosques de Sanjuán de Rió y una vez finalizado nos volvimos a Trives. Jorge impartió una conferencia sobre los hongos. Una vez finalizada la conferencia, nos pusimos manos a la obra, quitando las setas que venían en sacos cerrados machacadas y apelmazadas. Con suma paciencia y rumiando para sí, escogimos las más enteras para organizar una exposición en local del pueblo. Comimos en el pueblo, y por la tarde proseguimos preparando la exposición, que creo duró un par de días al publico. Antes de anochecer, pusimos rumbo a Vigo.

Al siguiente año, volvimos de nuevo a Puebla de Trives,  está vez en petit comité. Se hizo está salida de dos día, pernoctando de de nuevo en el mismo lugar para dormir. Antes de ir a dormir, nos fuimos a cenar a un restaurante cercano a Puebla de Trives, situado en la carretera de Trives Chandrexa de Queixa. En dicho restaurante el magnífico cocinero José Luís Tomé, preparó para cerca de 80 comensales cinco platos de setas diversas. A parte de los hongos (eran pequeñas raciones de degustación), el chef del restaurante preparó un cocido de órdago a la agrande. Recuerdo que era una noche friísima, y con la euforia de la extraordinaria cena que estábamos ingiriendo, alguien grito: “morrer, morreremos, pero fartos e quentes”.

Al día siguiente y después de desayunar, nos fuimos a la búsqueda de setas con los compañeros del pueblo por los bosques de su alrededor. Sobre las 12 del mediodía, José Luís impartió una charla de mico gastronomía en un local del pueblo de Trives. Finalizado el acto, nos fuimos a comer a casa del Hermano de Ton, quién su señora nos obsequió con una excelente comida montañesa.

Aquí finalizo las acontecimientos que realice con el presidenta Jorge Santoro de Membiela, y doy comienzo  con el presidente que sucedió a Jorge en la Agrupación micológica “A Zarrota”

José Luís Tomé, fue el presidente que sucedió a Jorge de la Agrupación micológica “A Zarrota”. Si la memoria no me falla, creo que estuvo 5 ó 6 años de mandato. Con él seguí de vocal de salidas, que mayormente se hicieron a Cruz de Incio, Herrería de Incio, Saa de Incio y Freituxe (Lugo). Fue un buen presidente, pero no tenía el empaque del presidente Jorge, y la solaridad con el grupo de salidas.

Tenía la fea costumbre de tan pronto llegábamos al monte, abría la puerta de mi coche y se lanzaba al bosque en busca de setas, como un oso pardo. En una de las salidas al Incio, en concreto a la aldea de Saa de Incio, al llegar al primer escalón del mismo, saltó del coche como un gamo dejando a todos al pairo. Se fue monte arriba a por Cantharellus cibarius, donde yo le indiqué que posiblemente hallase los cibarius. Entonces, ante la actitud presidente, le dije a Nuria… sigue Tomé, que con toda probabilidad encontréis las cantarelas. A la vuelta ambos vinieron con los cestos llenos de setas. En un lapsus Tome me espetó: porqué le había mandado a Nuria que le siguiese. Le contesté, por encima de ir acompañado de una real moza, todavía me llamas al orden.

En aquel momento, mi di cuenta de lo egoísta que era, pues todo lo quería para él, y eso que presumía de anarcosindicalista. La zona de Saa de Incio, jalonada toda ella por frondosos bosques de castaños (Satanea sativa), excepto hacía la parte alta que los bosques eran (Pinus silvestres). La zona la dividíamos en escalones o niveles, nivel 1, 2, 3, 4 y 5, en todos ellos solíamos encontrar cantarelas, Boletus y Russulas comestibles.

Normalmente, una vez recorrido uno o dos niveles, nos íbamos  a comer a un paradisíaco merendero con arboleda, mesas y bancos, al lado del río Cabe. En el río cabe que nace en el Incio, sus aguas discurren muy frías y límpidas, y solíamos poner las botellas del vino sumergidas en el río. Después de comer nos íbamos a recorrer el resto de los niveles, incluyendo los pinares de la parte alta de la zona. Del lugar de Saa do Incio, regresábamos a casa. De vez en cuándo parábamos en Mesón Pepe, a cenar lo de siempre: empanada, truchas y pajaritos a la brasa y buen vino de la ribera sacra.


 Grupo en el merendero de Saa de Incio



Otra salida bastante interesante, fue la que hizo el grupo de socios a Las Médulas en la provincia de Zamora. Yo salí de Vigo el viernes para Guitiriz (Lugo), donde me comprometí de hacer de instructor para el reconocimiento de los hongos que recogimos alrededor de un bosque de coníferas. En ese bosque existía un centro de recreo de natureza, con su correspondiente nave cubierta. En la misma, empecé a clasificar los hongos recogidos que se separaron, unos para cocinar y otros para exponerlos sobre una mesa. Allí mismo, un cocinero profesional nos preparó una exquisita paella y otros majares que el grupo traía para comer. Una vez terminado en Guitiriz, puse rumbo hacía la aldea de Labrada, cene y pernoctar  en el Mesón del Lor.

Al poco rato de desayunar llegó el grupo de socios, que habían salido temprano de Vigo. Acto seguido nos fuimos para Las Médulas (Zamora). Al estar ceca del pueblo, se me dio por pregunta se alguien traía pan y como nadie traía, nos vimos obligados a comprarlo en un pueblo antes de Las Médulas, en una panadería que tampoco tenía pan fresco. Sin embargo, la panadera nos ofreció unas barras hechas de varios días atrás, que nos la metió en el horno para ponerlas tiernas, a todo esto no nos cobraron nada. La anécdota viene a la hora de empezar a comer de campo y al querer cortar las barras de pan , de duras que estaban no nos fue posible hacerlo. Menos mal que en pueblo en unos bares pudimos hacernos con algo de mollete. Al finalizar la comida y la grata estancia por los bosques de castaños de la zona, regresamos a nuestros lares.

Como nuevo presidente  de la Agrupación micológica “A Zarrota” que sucedió a José Luís Tomé, fue elegida  Camino Gezael,  que apenas sustentó el cargo algo menos de año y medio.

Con la nueva presidenta continuamos las salidas de grupo, mayormente a la zona do Incio  concretamente a la aldea de Saa do Incio 1 y, sobre todo, a diversas zonas de la provincia de Pontevedra. La salida más interesante que hicimos con el grupo de socios, fue a Santo Tirso de Cabarcos (León). Nuestra intención era encontrar Calocybes gambosas, pues por los prados de montaña y la alcalinidad del terreno, teníamos la esperanza de poderlas encontrar. No fue así, no encontramos una sola Calocybe gambosa y si una Calvatia utriformes. Recorrido los prados, y bastante cansados y hambrunos, nos fuimos a un área destartalada de descanso cercana a Santo Tirso, a matar el gusanillo. Después salimos rumbo para Vigo. Lo que no recuerdo fue si al anochecer cenamos en Mesón Pepe, en Escairon.

 Calvatia utriformis



1 Saa do Incio es un aldea de la Parroquia de San Pedro do Incio, no concello lugués do Incio. Está situada a 560 metros de altitud, anexa a San Pedro.

A la presidenta Camino Gezael, le sucedió Lorena de Cascallar como 6º presidente de la Agrupación, cargo que aún ostenta en el año 2020, pero de forma informal. Con su nombramiento empecé a retomar las salidas de grupos de socios y simpatizantes, por varias zonas de la Comunidad gallega.

Una de las salidas que más tengo graba en el cerebro, fue la que se hizo a la sierra do Courel 1, empezando por Seoane (Lugo) y finalizando por Gestoso (León). Por la zona de Seoane, el primer día recorrimos los diversos bosques de castaños por las aldeas de Moreda y Parada do Courel. Al anochecer nos fuimos de nuevo para Seoane donde cenamos en a Fontiña y dormimos en diversas pensiones del pueblo. Al día siguiente, después desayunar, el grupo compuesto de 20-22 personas, partimos hacia Gestoso (León) pequeña aldea ubicada entre los montes de León, al este de la sierra del Caurel. (Lugo).

Alrededor de Gestoso se halla un mato enorme de castaños (Castanea sativa). Este bosque fue descubierto en una ocasión por Fernando “El francés” y Angelines, en una de las salidas que hicieron a la aventura. Dado la belleza y cantidad de castaños existente, lo bautizó como “La catedral”.

Todo el grupo lleno los cestos de boletos de carne blanca. Al principio empezamos a cortar boletos algo desarrollados y pasados, pero a medida que avanzamos por castañal empezaron  aparecer más boletos, buenos pequeños y sanos. Para poderlos meter en los cestos, tuvimos que aprovechar los mejores que llevábamos. Fue tanta la eclosión de boletos que en algunos casos se pisaban. Sin exagerar, creo que cada setero llevaba 8-10 kilogramos de boletos. En los bosques de castaños tuvimos la suerte de hallar los 4 grandes boletos: Boletus edulis, Boletus reticulatus, Boletus pinicola y Boletus aéreus.

La compañera Ángeles con el peso que tenía en el cesto que llevaba, se le rompió el asa. Le tuve que dejar otro cesto para poder llevarlos para su casa. Después de la gran cosecha de hongos, comimos al borde de un camino sendos bocatas. Más tarde pusimos rumbo hacia la provincia de Orense, donde en Oulego paramos a merendar en un hermoso merendero, con bancos y mesas. De allí nos fuimos para nuestros lares, por la carretera del Barco de Valdeorras, Quiroga, Monforte de Lemos, Orense y Vigo.

1 La sierra do Courel es una cordillera montañosa situada en el SE de la provincia de Lugo, en la comunidad autónoma de Galicia que se extiende por los municipios de la Comarca do Courel: Folgoso do Courel, en su mayor parte, Quiroga y Piedrafita do Cebreiro.

Otra salida muy interesante, fue la primera que hicimos a Lago Sanabria (Zamora). Quince días antes fui personalmente a Lago Sanabria, con objeto de concertar precios para dormir y cenar. Antes de llegar a la  pensión y al restaurante, recorrimos los hermosos bosques de robles que existen por la zona, donde prácticamente no encontramos setas. Lago de Sanabria se halla a más o menos 1000 de altitud y coincidió que la salida fue en el mes de septiembre. En ese mes y la altitud del terreno suele haber bastante frío, y las bajas temperaturas son un enemigo de cuidado, para la salida de hongos.

Una vez salidos de los bosques, nos encaminamos al pueblo de Lago de Sanabria, donde hicimos cuarte general para cenar y dormir. Previamente como señalé más arriba, concerté los precios de dormir y cenar, el primero en 18 euros; y el segundo, en 12 euros. Antes de cenar y el comedor del restaurante di a los compañeros una pequeña disertación sobre los hongos de la madera. Al finalizar la charla, nos sentamos en las mesas y el dueño y cocinero del restaurante, nos dijo: tenemos pollo al ajillo, caldeirada de cordero y ensalada. Yo le contesté le había encargado caldeirada de Cordero, ensalada mixta, postre, café y chupitos. El inocente de Valeiras le dijo que quería pollo al ajillo y ensalada mixta. Entonces le dije a Valeiras, tanto si cenas pollo al ajillo y la ensalada mixta, vas a pagar lo mismo, esto es 12 euros por cada uno. Entonces dijo ¡ah¡…, si es así, prefiero el cordero.

Mientras estábamos cenando, siempre suele salir algún augur. En este caso concreto eran Gerardo y Egusquiza, se manifestaron que la cena para la noche era muy fuerte. Yo me qué mirándoles y les dije: por la forma de hacer barquitos rebañando el plato, parece todo lo contrario. Si os parece que la cena ha sido muy fuerte y pesada, os podéis ir al pueblo mas próximo que se encuentra a 10 kilómetros a pie, y si os venías andando serán 20. Mi recomendación no la pusieron en práctica, no solo por la distancia, sino por el frío que hacia y mejor era meterse entre sábanas. Al día siguiente desayunamos y nos fuimos a recorrer los bosques a la búsqueda de hongos. No se nos dio bien, y a las 4 horas de patear bosques de robles, no fuimos a comer a una área de descanso, cerca de Puebla de Sanabria. Al atardecer nos marchamos rumbo a Vigo.

Al año siguiente se volvió a organizar otra salida al Lago Sanabria, pero esta vez la organizó Lorena con Gerardo. Yo ante los comentarios que hicieron en la salida precedente, me mantuve al pairo. Se pernoctó en la misma pensión para dormir, pero no se cenó en el mismo restaurante de la vez anterior. La cena resultó un menú para galeotes, pues apenas había vajilla para echar la comida.

Como la pensión no tenía restaurante, se tuvo que condimentar todo en la plancha de la cocina. Bueno, aquello salió como el rosario de la aurora. Las truchas casi crudas e insípidas y las verduras más de lo mismo, a punto de tirarlas a un recipiente de basuras. Para más mortificación, se pagó este “menú” al precio de 12 euros por persona, ¡al mismo precio de la anterior salida, pero de calidad¡

Pues bien en la primera salida, algunos augures pusieron objeciones por la excelente cena, sin embargo, por esa cena nadie dijo ni esta boca es mía. Menos mal que la cena no fue organizado por mí. Nadie dijo ni pió, se callaron como “putas” porque la organizaron otros, y por no reconocer lo mal que lo resultó, no hicieron un solo reproche. Si embargo, yo no me callé, les dije que hiciesen una comparación de cenas, y más de lo mismo, me dieron la repuesta por callada.

A la sierra de los Ancares 1  hicimos una salida de fin de semana, con grupo micológico de Vigo. Salimos un sábado de madrugada e hicimos estancia Campo da Braña para pernocta y cenar. Antes nos fuimos a dar una vuelta por la Fraga de Cabana Vella 2, visitando los bosques de acebos, robles y otra variada masa arbórea y arbustiva existente en  aquella imponente Fraga. A la vuelta comimos en un restaurante en Campo da Braña, y después proseguimos visitando bosques, esta vez de Castaños. A los anocheceres muy cansados y contentos, nos aseamos y cenando un buen menú, y después cada cual se trasladó a su respectiva habitación.  

Fraga de Cabana vella, en de los Ancares


Al día siguiente después de de desayunar, esperamos un buen rato por unos compañeros que habían dormido en Doiras (Lugo). Una vez reunido todo el grupo, pusimos rumbo a la aldea del Piornedo 3, aldea que se encuentra en el límite de la provincia de León. El grupo visitó por fuera y por dentro las pallozas del lugar. Mientras tanto, como yo ya conocía todo los pormenores de la aldea del Piornedo, atravesé el límite de las provincias y me dirigí al un frondoso bosque de robles (Quercus humiles), cercano  Suarbo l (León). Después de visitar Piornedo, nos fuimos a comer los bocatas a la Fraga de Donis. En dicho lugar tuvimos la suerte de encontrar varios tipos de Cantharellus y raros Lactarius. Como estábamos a 270 kilómetros de Vigo, salimos pronto para nuestra ciudad.

1 La sierra de los Ancares está situada en el noroeste de la provincia de León y en la parte más oriental de la provincia de Lugo. Es un espacio natural protegido y en 2006 fue declarada Reserva de la Biosfera de Lugo.

2  El Bosque de Cabana Vella tiene mucho en común con la Devesa da Rogueira, pues presenta una elevada variación en las condiciones ecológicas y al recorrerla podemos observar la transición entre diferentes tipos de bosque autóctono.
Uno de los aspectos que más destaca en relación a otros bosques de Ancares y Courel es la presencia de un acebal, donde el acebo, Ilex aquifolium, es la especie dominante. Este tipo de formación es poco frecuente, siendo más habitual ver al acebo mezclado con otras especies. Todas son de gran interés ecológico, ya que igual que en el caso de las hayas, la producción de frutos de este tipo de bosque es capaz de mantener una elevada biodiversidad.

En la parte baja es donde el visitante podrá localizar acebal. Destacan los acebos viejos de gran porte, difíciles de observar en otros lugares. El acebo es una especie con follaje muy denso y se puede percibir la baja diversidad de herbáceas que se desarrolla bajo el mismo. Algunas de esas especies coinciden con las que describimos en esta guía en el punto referente al Hayedo de Liñares y están adaptadas a crecer en medios sombríos, como la berza de perro (Mercurialis perennis). En las mismas zonas bajas es donde son más abundantes los tejos (Taxus baccata) una especie que tiene, en los bosques de la serra de Ancares y Courel, su límite de distribución.
Recomendamos al visitante reparar en los robles (Quercus robur) o robles albares (Quercus petraea) de este bosque. En la zona es dominante el híbrido de ambos denominado Quercus rosacea. Se trata de un robledal que crece sobre sustratos silíceos, y que tiene aquí una de sus mejores representaciones.

3 El Piornedo es una pequeña aldea de la sierra de los Ancares, a 1.100 metros de altitud. Forma parte de la parroquia de Doniz (San Fiz) municipio de Cervantes, en la comarca de los Ancares, en la provincia de Lugo. La aldea de Piornedo se sitúa en lo alto de un valle que se abre hacia el oeste, lo recorre el arroyo  Veiga Cimeira que vierte sus aguas en el río Ser.

Otra de las numerosas salidas que se hicieron a la sierra do Courel, fue para visitar a Lagoa de lucenza 1. Al llegar a Seoane nos dirigimos a la aldea de Campelo, donde aparcamos los coches al lado de un abrevadero de ganado.  Desde ese lugar, y a pie  por un sendero de montaña relativamente fácil, no   exento de altibajos del terreno, siendo lo más dificultoso, los últimos metros hasta as Fontes do Cervo. En dicho lugar  repusimos algo de fuerzas y llenamos las botellas de agua fresquísima, que brotaba  de un manantial rocoso. Acto seguido nos encaminamos a Lagoa lucenza, por un camino semidifultoso hasta avistar desde un alto,  la Lagoa Lucenza. Algunos bajamos a la misma que estaba totalmente sin líquido acuso.

Desde aquella perspectiva se divisan los picos de Pía Páxaro y el Formigueiros. Visto la famosa laguna, retrocedimos hasta donde teníamos los coches y sentados al borde del muro de cierre del abrevadero, nos pusimos a devorar la comida, pues la caminata de ida y vuelta nos hizo entrar un apetito voraz. Como habíamos salido muy temprano de Vigo y, por ende era verano, nos dio suficiente tiempo para ir y volver.

1 Situada sobre los 1.420 m. de altura en la cara sur del Formigueiros y a unos 2,5 km. de la aldea de A Seara (Quiroga). Laguna de origen glaciar de unos 72 m. de diámetro, con más de 16.000 años de antigüedad. Dicen los expertos que el glaciar pudo llegar a tener más de 6 Km. de longitud unos 200 m. de ancho.

Salida primaveral a Soajo por Lamas de Mouro (Portugal), Salimos de Vigo con un día seminublado, pero al llegar a Lamas de Mouro cuya altitud es 870 metros, se puso a llover y con frío bastante desagradable. Por dicho motivo no pudimos comer en el parque forestal. Dado el pésimo tiempo, no tuvimos que meternos en un restaurante  rodeado de abedules. Allí hicimos nuestra comida alrededor de una chimenea que amablemente encendieron ayudándonos a calentarnos. Por cierto, Dioni socio de La Zarrota dispuso de unos chorizos que asó en la brasa y repartió entre el grupo de la salida. Después de comer, como empezaba a escampar, marchamos por la Peneda hacia Soajo. La zona de Soajo donde está el área recreativa y cultural, es un  bosque preferentemente de abedules, carpinus, pinos, castaños y hayas. Antes de emprender la salida desde Lamas de Mouro, el compañero Dioni, empezó a porfiar porque queríamos ir a los bosques de Soajo, pues estaba algo lejos y no íbamos a encontrar nada.

 Al llegar al bosque nos esparcimos por el mismo, y a las dos o tres horas, empezó a regresar el grupo con cara risueña, pues todos venían con el cesto lleno de Cantharellus cibarius. Dio la casualidad que el que más setas traían, era el que más se oponía a la salida del citado bosque. Pues bien, una vez llenado el cesto, no hizo comentario alguno, ni se acordó de la oposición que había hecho unas horas antes. De a allí regresaos a nuestros domicilios en Vigo.


 Grupo setero en los bosques de Soajo (Portugal)




Escapatoria de un fin de semana a la sierra do Invernadeiro 1 (Orense),  salida de sumo interés del grupo micológico de Vigo. Salimos un sábado del sanatorio Concheiro, en la plaza de España, sobre las diez de la mañana rumbo a Verín, donde pernoctamos y cenamos. Antes nos habíamos detenido en algún que otro bosque con objeto de encontrar setas. Algunos Cantharellus  y Lactarias habíamos hallado. Sobre las dos del mediodía nos detuvimos a comer en un área de recreo. Al atardecer llegamos a Verín y depositando nuestros enseres en la habitación de cada uno, bajamos a dar unas vueltas para hacer tiempo para la cena Hicimos una cena muy buena a base de cordero asado al horno. Ramón el diacono, casi se tomó de cena un salmón entero cocido. Al día siguiente nos fuimos a la sierra, visita que previamente hay que pedir permiso para entrar en parte de ella. Recorrimos algo de la inmensa sierra y sobre las dos y media del mediodía, nos pusimos en un galpón dentro del Invernadeiro,  todo el grupo a degustar lo que habíamos llevado. Después de comer todavía deambulamos por el fantástico bosque. Para visitar el bosque centenario de robles no teníamos permiso para verlo. Esa zona requiere un permiso especial que solo se lo da a personas escogidas.

1 El Parque natural de Invernadero es un espacio natural protegido español situado en los montes del municipio de Vilarino de Conso, provincia de Orense, comunidad autónoma de Galicia. Tiene una superficie de 5722 hectáreas.​ En el  Invernadeiro,  o existen asentamientos humanos dentro de los límites de O Invernadeiro. Todo es naturaleza. Su historia viene de antiguo, siempre como propiedad no dividida desde la Edad Media, dedicada por aquel entonces al pastoreo y a la caza. A mediados del siglo pasado se convirtió en una zona autorizada de repoblaciones forestales hasta que en el año 1981 sufrió un incendio y cambió su destino. De las cenizas renació con una apuesta por la recuperación ambiental que se consolidó definitivamente en el verano de 1997 con su declaración como Parque Natural. En la actualidad es una de las mejores aulas de la naturaleza de la comunidad para conocer con intensidad la vida del Macizo Central ourensano. Las viejas montañas galaicas, que superan en los límites del Parque los 1.500 metros de altitud, combinan el encanto agreste de la roca con la suavidad de los grandes volúmenes redondeados. Son las sierras propicias para acoger gran parte de la vida salvaje representada principalmente por el lobo y sus presas corzo y jabalí. Los ríos, igual que en tiempos primitivos los glaciares, viven en este espacio el gran momento de la montaña. Los cauces gemelos Ribeira Grande y Ribeira Pequena ponen el ritmo fluvial.

La segunda salida que hicimos a la comarca de Cabarcos, fue con la esperanza de hallar las exquisitas Morchellas, entre los extensos bosques de chopos, tanto por el lado de Léon, como por el lado de la provincia de Orense. Como siempre salimos de Vigo un sábado con un hermoso día primaveral camino de Santo Tirso de Cabarcos (León). Antes de comer, nos metimos por la masa arbórea de chopos en busca de las sabrosas colmenillas, y aunque éramos un grupo numeroso no fuimos capaces de hallar ninguna colmenilla (Morchella). Ante el “éxito” obtenido, la caminata entre las choperas que te tronzan las piernas, nos produjo un apetito descomunal. Decidimos ir a comer a Sobrado.

La comida la hicimos en el pueblo al lado de un lavadero cubierto, nos sentamos en los muretes del lavadero y allí devoramos parte de la comida que cada uno llevaba. Recuerdo que José Luís “El rizos” llevaba alitas de pollo crudas y no tuvo más remedio que contactar con un vecino cercano donde nosotros estábamos comiendo. El vecino amablemente le dijo que las podía freír en su casa. Ni corto ni perezoso, cogió las dichosas alas, se las fríos y se las comió en el comedor de la casa del vecino. Son de las muchas “caralladas” que tiene el chistoso del “Rizos”.

Después de comer proseguimos por las choperas cercanas a Sobrado a la búsqueda de hongos, tampoco sin fortuna. Al atardecer y antes de llegar Santo Tirso de Cabarcos, observamos desde las ventanillas del coche un lugar hermoso y frondoso al lado de un río de aguas límpidas y cantarinas, con su correspondiente merendero, con mesas y bancos de madera. Allí merendamos, y para hacer la digestión dimos unas vueltas por el lugar donde encontramos media docena de Calocybes gambosas y dos Verpas bohemicas. De aquel lugar, pusimos rumbo para Vigo, pues estábamos a 268 kilómetros de distancia.

     Calocybe gambosa
                  

 Verpa bohemica



Otra salida para guardar en la memoria histórica, fue la que se hizo a la zona de Xuno, Santa Eugenia de Ribeira (A Coruña), a por Chantharellus lutescens. Después de recorrer los bosques de Pinus pinaster de Xuno, no logramos encontrar hongos de ninguna especie, optamos por ir a comer a un merendero cercano a la dunas de Corrubedo. Angelines la mujer de Fernando “el francés”, había preparado en la víspera un hermoso gallo campero estofado. Recuerdo que el día estaba desapacible y muy frío. Menos mal que Angelines fue muy previsora y trajo una cocinita a gas butano y  calentamos el gallo en una olla. Con gallo campero, pan y vino, también se hace camino. Antes de emprender la vuelta para Vigo, nos fuimos al pueblo de corrubedo a tomar unos cafés y chupitos varios.

Otra de las salidas, para mí muy impactante, fue la que hicimos de un solo día a la zona de San Clodio-Quiroga. La ruta la empezamos por los pequeños bosques que existen por los alrededores del antiguo poblado pertenecientes a la presa de Sequeiros, donde principiamos a la recogida de hermosísimos Cantharellus cibarius y Boletus reticulatus.

Después proseguimos la ruta hasta San Martín, aldea situada más arriba de la presa de Sequeiros rodeada de buenos bosques de castaños (Castanea sativa), donde el grupo acabó de llenar los cestos del delicioso y versátil Cantharellus cibarius. Pasado el momento, pasa la romería, nos  fuimos a comer a un merendero cercano a San Clodio, merendero al lado del río Sil entre arboleda variada con bancos y mesas. Más tarde el grupo se dispersó y por más vueltas que dimos para encontrarlos, no fuimos capaces de reunirnos de nuevo. Se ve que como iban cargados de hongos, tenían prisa por llegar a casa y ponerse a prepararlos. Luego el resto del grupo que quedamos, optamos también por marcharnos para Vigo.

Una salida interesante fue la hicimos en un fin de semana, a la zona del Barco de Valedoras, Rubia y Vila Martín a Rúa (Orense). La salida se hizo de dos días y nos pusimos rumbo al Barco de Valdeorras, donde pernoctamos y cenamos. Antes de dejar los bártulos de viaje en una pensión en Viloira, barrio cercano al Barco de Valdedorras. Previamente de comer penetramos en el famoso sobreiral de Rubiá (Orense) en busca de setas. Por aquel entonces era secretario de la Agrupación micológica “A Zarrota” Ramón diácono, que empezó a quitar planos en la creencia que nosotros no conocíamos el lugar. Gracias a Ramón, que se puso en contacto con un colega de iglesia, éste nos dio autorización para comer bajo cubierta en un galpón a la de la iglesia. Después de comer proseguimos por los bosques adyacentes. Prácticamente no se encontró nada, pero si que hacia mucho calor.

Después al atardecer, dejamos los equipajes en las habitaciones de cada uno. Luego bajamos al comedor a cenar. La cena se compuso de ensalada mixta y cordero asado al horno con guarnición de Cantharellus cibarius, que por los bosques habíamos encontrado. Lorena gentilmente invitó al amigo Leivas buen micólogo de campo, domiciliado en el Barco de Valdeorras a cenar con nosotros. Si la cena resultó de bandera, no le fue menos la charla de sobremesa y el subsiguiente paseo que dimos por el malecón del rió Sil, que nos fue buenísimo para hacer la digestión.

Al siguiente día, después de desayunar, nos pusimos rumbo a Vilamartín de Valdeorras, y de este pueblo nos dirigimos carretera arriba hasta una aldea donde terminaba la estrada. En esa zona llenamos los cestos de Cantharellus cibarius entre los bosques de castaños. De retorno hacia Vilamartín de Valdeorras nos paramos, y bajando de los coches nos introdujimos en los pinares y entre xestas (Cytisus scoparius), Angelines y Fernando encontraron un buen número de Lactarius deliciosus. Una vez recorrido el pinar volvimos a los coches y nos fuimos a comer a Vilamartin de Valdeorras, en un merendero muy acogedor.

Otra salida organizada por la agrupación micológica fue la que organizó a Ferreira de Pantón (Lugo), salida que me sirvió para conocer in situ la preciosa Otidea onotica, que por cierto abundaba en gran cantidad. Al llegar a Ferreira de Pantón dejamos los coches aparcados muy cerca del pueblo. Acto seguido nos metimos en un hermoso y limpísimo robledal y nos dispersamos por todo el bosque, donde empezamos a recoger Cantharellus cibarius, Hydnum repandum, Hydnun rufescens, Boletus reticulatus y Tricholoma portentosum.

Entre los compañeros y compañeras venia un italiano llamado Victorio, que cada dos por tres se me acercaba y preguntaba: ¿qué seta es esta?; yo le decía: se trata de la Otidea onotica, seta no comestible y a preservar. Al poco rato se me acerca de nuevo y más de lo mismo, ¿qué seta es esta? Se la conoce como Otidea onotica. Aunque para la enseñanza creo ser una persona paciente, se me hincharon las pelotas y no tuve más remedio que llamarle la atención. Fue como mano de santo, no me volvió a preguntar más sobre la dichosa seta. Algunos compañeros se metieron en bosque de pinos y encontraron Lactarius deliciosus.  Al finalizar el recorrido del robledal y del pinar, nos fuimos a comer nuestros bocadillos a un merendero cercano al pueblo. Más tarde partimos para Vigo.

La presidenta Lorena organizó una salida con la agrupación a la zona de Sober (Lugo). La salida iba para se de un fin de semana, pero debido a razones imponderables, quedó reducida a un solo día. Como siempre salimos de Vigo y nos fuimos directamente a Monforte de Lemos camino de Sober. A los pocos kilómetros de Monforte de Lemos paramos los coches y penetramos en un prado consolidado, donde empezamos a recoger “sendeirillas” (Marasmius oreades). En la zona de Sober, concretamente en Anllo, nos introdujimos en los robledales donde empezamos a encontrar Boletus reticulatus, Hydnum repandum, Russula cyanoxantha y otras setas comestibles. Algunos compañeros atravesando un prado cercado,  se metieron entre los pinares y lograron encontrar algunos hermosos Boletus pinicola. Al volver de nuevo por el prado, Poli al abrir la cancela del cercado, encontró el suelo un billete enrollado de 50 euros. Comimos nuestros consabidos bocatas y nos fuimos a visitar los miradores de la Ribera Sacra. 

Grupo por los bosques de Sober (Lugo)
 

Terminado el paseo por los miradores nos montamos en cada respectivo automóvil y pusimos rumbo a Ferreira de Pantón, donde el amigo Poli nos invitó a unos refrescos con la “pastuki” que encontró. De Ferreira de Pantón un grupo de socios se encaminaron hacia Vigo. Cuatro de nosotros decidimos ir a cenar a Mesón Pepe, cerca de Escairon. Los compañeros que me acompañaban era la primera vez que comían en el mencionado mesón, que por lo bien que cenaron, y por el precio pagado quedaron alucinados. Como íbamos en dos coches, tres compañeros pusieron rumbo a Vigo. Yo opté por quedarme y me fui a dormir al Mesón de Loor, cerca de Quiroga. Al día siguiente me fui al sobreiral de Rubiá, donde fotografié curiosos hongos. Más tarde me fui a comer a una casa de comidas, en Rubiá (Orense). Comí unos de mis favoritos platos: sartenada de patatas fritas, huevos fritos, chorizo y dos lonchas de jamón frito, todo de origen casero, riquísimo pan y botella de vino mencia. ¡Hale, contento y para casa!

Una de las mejores salidas de grupo micológico de Vigo, siendo presidenta Lorena, fue la que se hizo a  Fraga da Amarronda 1, (Lugo). La salida se hizo de dos días en un fin de semana. Salimos temprano un sábado desde Vigo rumbo a Lugo. De allí seguimos hacia Castroverde (Lugo), donde hicimos noche para cenar y dormir, en una posada del pueblo. Entre Lugo y Castroverde fuimos parando por los hermosos bosques de castaños, robles y pinos a la búsqueda de hongos comestibles. Más tarde y cerca de Castroverde, comimos en un merendero que había en un souto, parte de las viandas que llevábamos para el sábado y comida al mediodía. Al acabar penetramos en varios bosques de castaños y robles, donde nos hicimos con Cantharellus cibarius y algún que otro Boletus reticulatus y erythropus.

La anécdota de esta recogida fue protagonizada por José Luís “El Rizos”, socio de la agrupación. Él y yo íbamos juntos por el bosque, cuando al poco rato, oí ¡mira lo qué encontré….., mira loa qué encontré….¡ En el cesto traía unas cantarelas hermosas y grades como manos, eran unos espléndidos ejemplares de setas. En un momento que puso el cesto en el suelo y fue hacer una meada, Fernando “El francés”, ni corto ni perezoso amarró el cesto y le entregó las hermosas cantarelas a la ex presidenta Camino, dejando al  “Rizos” con dos pares de narices y el cesto vacío. Fernando se justificó alegando que Camino estaba llorando, parece ser de amores, y para consolarla le aportó las setas que había encontrado José Luís. Al poco rato, José Luís  me dijo ¿y el cesto? lo tengo yo, pero está vacío me dijo. Pregúntale a Fernando que hizo con las setas. Supongo que Fernando le habría dicho que se las regalo a Camino. El Rizos me contesto… ¡joder! así cualquiera queda bien. Yo le contesté eso díselo al “Francés”

Al atardecer nos dirigimos a la posada del pueblo a meter las maletas en las habitaciones de cada cual. Poco a poco fuimos bajando al comedor para cenar. Después de una buena cena y mejor sobremesa, cada cual retornó a su habitación a descansar. Al día siguiente después de desayunar, nos dirigimos a Baleira pueblo cercano a Castroverde y dejando los coches aparcados, nos adentramos en el sendero de Carrizos de 800 metros de longitud, bordeando el río Martín afluente del río Eo. El recorrido del sendero jalonado de variada masa arbórea y arbustiva, fue muy placentero, pero al mismo tiempo bastante dificultoso, debido a la ingente cantidad de maleza y silvas. Se ve que las autoridades “chuparon” la mayor parte de las subvenciones dadas por el Plan Red Natura 2000 y, después, si te veo no me acuerdo.

Finalizado el recorrido del sendero de Carrizos, nos fuimos a comer a la playa fluvial de Cortavella, donde la belleza natural y la creada por el hombre se juntan dando lugar a una de los partes más hermosos de Baleira. Allí se encuentra un idílico merendero donde nos pusimos a degustar las viandas que cada uno llevábamos. Después de comer nos pusimos rumbo a Vigo, pues por delante teníamos 226 kilómetros de recorrido.

1 La fraga da Marronda es un ejemplo excepcional de bosque autóctono gallego, en perfecto estado de conservación que ocupa una extensión de 661 hectáreas, entre las aldeas de A Braña, Fórneas, Mendreiras, O Real y Martín.  En una zona de media montaña, con valores latitudinales comprendidos entre los 450 y 950 metros crece esta vigorosa y atractiva masa natural, que destaca por la elevadísima variedad de especies vegetales y animales que habitan en ella.

Incluida en la “Rede  Natura 2000”, la Marronda posee como principal singularidad la de constituir una parte del límite sur occidental del haya en Europa, erigiéndose como una de las más importantes reservas de este árbol en la parte sur occidental del viejo continente.

Más de ciento setentas especies de árboles y arbustos conviven en A Marronda. Son protagonistas de la diversidad vegetal las hayas, los castaños, los robles, los avellanos, los acebos, los salgueiros, los sanguiños, las hiedras, los tojos, los helechos, los arándanos, arbustos silvestres, líquenes, mohos, etc.

Entre los representantes de la variedad faunística figura el jabalí, corzo, raposo, jineta, ardilla, azor, gavilán, águila caudal, cuervo, perdiz, cuco, murciélago, puerco espín, hormigas, mariposas, larvas y ácaros del suelo forestal.

Este impresionante bosque es además un tesoro paisajístico y visual, que nos regala estampas cambiantes con las estaciones. Mientras el verde intenso de la clorofila de las hojas domina todo en la primavera y en el verano, el amarillo de la capa subyacente de pigmentos aparece al descubierto en el otoño y el frío penetra en las ramas en el invierno que amanece blanco, cuando la nieve en el invierno alcanza estas latitudes.

En Baleira el turismo y el deporte van íntimamente unidos. Aquí puede practicarse el senderismo, rafting, escalada, ciclismo entre otros. Podemos disfrutar de este bosque realizando la ¿Ruta de A Marronda-Alto Eo? Que atraviesa esta impresionante  masa arbórea y arbustiva.  Otra forma de observar este bosque es desde la carretera local LU750, aquí la Fraga se precipita vertical sobre la carretera que transcurre a lo largo del río Martín, en un valle encajado y estrecho que resulta espectacular de forma especial cuando el sol empieza a ocultarse después de media tarde.

Lorena Cascallar ha sido el última persona que ha tenido la Agrupación micológica “A Zarrota de Vigo”. Antes de Lorena ha habido 5 presidentes más: Cosme Galiana, Antón Patiño, Jorge Santero, José Luís Tomé y Camino Jaezel

Lorena teóricamente sigue siendo la presidenta de la agrupación micológica “A Zarrota” de Vigo. Esta agrupación lleva algunos años en “Stand by”, a la espera que alguien quiera hacerse cargo como nuevo presidente. De aquellas jornadas micológicas, salidas de socios al campo y un sin fin de actividades hechas durante más de 50 años,  solo quedan los lunes micológicos.



Vigo 29 de julio de 2020.